Hace unos días la gente del Clan Desperdigar tuvo la deferencia de invitarme a una indescriptible, con simples constructos verbales escritos, exposición en el Museo Sívori donde más allá de la razón principal por la que había sido invitado (es decir para contemplar la muestra Intervenciones Urbanas de Marino Santa María) pude encontrarme con el trabajo de una artista increíble.
El uso de cámaras de fotos dentro del museo no estaba permitido, pero eso no me impidió capturar algunas imágenes del trabajo de Maggie de Koenigsberg, las cuales dejo a continuación:







Una de las cosas más interesantes que me pasó al estar frente a estas obras es que el espacio a mi alrededor no era el mismo, se había alterado mi percepción espacial y particularmente el cómo percibía los colores y las formas de todo lo demás (y creo que al ser tan "clandestinas" las fotos no logré captar ese "qué se yo que no se qué" que me lo produjo).
Esos mini-universos que están limitados por los bordes de los lienzos tienen la propiedad de transportarnos a mundos oníricos, fantásticos, orgánicos; donde los límites de la realidad y de los espacios y formas concensuales desaparecen para dejar lugar a hermosos, nuevos, inexplorados y desestructurantes espacios y formas.
Luego de esa sensación de irrealidad que me produjo la obra de Maggie de Koenigsberg, seguí recorriendo las distintas salas del museo donde todo me parecía fatuo... hasta que, en un lugar cerrado al público que daba a una escalera ascendente, no siendo parte de las demás muestras, sino como dejado de lado, descastado; me encontré con un ser con movimiento, pero estático; un ser vivo único, pero cosntruido por pedazos de otras vidas ya extinguidas; un ser que parecía hablarme en su inmenso mutismo...
Si les parece exagerada mi visión de esta obra, es porque quizás no logré retratar de la mejor manera a ese caballo del tamaño de un verdadero caballo formado por ramas y pedazos de madera... es decir, el error es mio por no poder captar toda su escencia con mi para-nada-profesional cámarita digital y no del artista o artistas que le dieron vida (que como estaba fuera de las muestras no pude saber quien/es era/n su/sus creador/es).
Por todas estas experiencias (y las otras que se dieron fuera de la muestra) y por una tarde inolvidable, agradezco la invitación del Clan Desperdigar y solicito me tengan en cuenta para las futuras actividades que generen.
Saludetes.
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El uso de cámaras de fotos dentro del museo no estaba permitido, pero eso no me impidió capturar algunas imágenes del trabajo de Maggie de Koenigsberg, las cuales dejo a continuación:







Una de las cosas más interesantes que me pasó al estar frente a estas obras es que el espacio a mi alrededor no era el mismo, se había alterado mi percepción espacial y particularmente el cómo percibía los colores y las formas de todo lo demás (y creo que al ser tan "clandestinas" las fotos no logré captar ese "qué se yo que no se qué" que me lo produjo).
Esos mini-universos que están limitados por los bordes de los lienzos tienen la propiedad de transportarnos a mundos oníricos, fantásticos, orgánicos; donde los límites de la realidad y de los espacios y formas concensuales desaparecen para dejar lugar a hermosos, nuevos, inexplorados y desestructurantes espacios y formas.
Luego de esa sensación de irrealidad que me produjo la obra de Maggie de Koenigsberg, seguí recorriendo las distintas salas del museo donde todo me parecía fatuo... hasta que, en un lugar cerrado al público que daba a una escalera ascendente, no siendo parte de las demás muestras, sino como dejado de lado, descastado; me encontré con un ser con movimiento, pero estático; un ser vivo único, pero cosntruido por pedazos de otras vidas ya extinguidas; un ser que parecía hablarme en su inmenso mutismo...
Si les parece exagerada mi visión de esta obra, es porque quizás no logré retratar de la mejor manera a ese caballo del tamaño de un verdadero caballo formado por ramas y pedazos de madera... es decir, el error es mio por no poder captar toda su escencia con mi para-nada-profesional cámarita digital y no del artista o artistas que le dieron vida (que como estaba fuera de las muestras no pude saber quien/es era/n su/sus creador/es).
Por todas estas experiencias (y las otras que se dieron fuera de la muestra) y por una tarde inolvidable, agradezco la invitación del Clan Desperdigar y solicito me tengan en cuenta para las futuras actividades que generen.
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