| mi bio: |
Soy hijo de un oficial de ejército que vió morir fusilados a unos chicos vendados. Cuando tenía 12 años le recité un poema a la bandera chilena frente al General Pinochet. Al día siguiente su esposa me besó en la mejilla. Con el mejor amigo que tuve durante mi niñez dibujábamos laberintos en los que sus soldados les disparaban a los míos y viceversa, la tinta terminaba ocultando todo el papel.
Cuando tuve que dejar esa ciudad fui a la capital. Ahí mi mejor amigo me llevó a practicar Full Contact. Luego íbamos a tomar cerveza a la plaza cantando las canciones del auto.
Estudié arquitectura, la dejé, estudié multimedia y me titulé. El cartón se lo regalé a mi madre.
Entré a trabajar en una agencia de publicidad como diseñador creativo, gané un premio, sólo el día de la premiación ví el trofeo. Con esa plata entré al magíster de arte de la U de Chile, pagué sólo el primer año, al segundo asistí sin preguntar ni pedir permiso. Nunca me titulé ni lo haré, nadie se merece ese cartón.
El año pasado fui a vivir a Valparaíso, la costa central de Chile, donde hice un documental junto a 3 amigos actores y mi novia de entonces. Tras un año de trabajo lo estrenamos en marzo pasado. Hicimos intervenciones teatrales en la ciudad, practicamos Kung Fu y celebramos nuestro cumpleaños todos juntos en una casa con vista a la bahía.
Mi campamento actual es Buenos Aires, primera estación de un viaje que me recuerda a Juan Downey estelarizando Transaméricas. Aquí hago fiestas karaoke tres veces por semana en una cadena de hostels. Así he cantado con japoneses, australianos, israelíes, españoles e incluso chilenos.
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