El Legado de Icaro: Capitulo 1 (II)
El resto de la historia de estos dos personajes no afecta al relato de Dédalo, sólo vale decir que no comieron perdices ni vivieron felices.
Su huida no pasó desapercibida, y cuando Minos descubrió la traición del inventor, lo encerró de por vida, junto a su hijo pequeño Ícaro en el laberinto que había diseñado.
Dédalo, luego de años de deambular por el gigante mausoleo, resolvió usar su ingenio para salir de allí; pero el mar ponía a su deseo un obstáculo invencible, y por otro lado el laberinto era tan confuso que era imposible encontrar una salida. “Si la tierra y el mar -dijo un día- me son cerrados por el tirano, éste no sabrá cerrarme el camino de los aires”. De esta manera recolectó plumas, pegándolas de forma tan admirable, que compuso dos alas en todo semejantes a la de los pájaros.
Es recién a esta altura del relato que aparece Ícaro, que sin saber que trabajaba en su propia perdición, reunía las plumas con un aire optimista, o bien reblandecía la cera que las debía unir.
Dédalo, le ató las alas, temblando de emoción, y le explicó en breves palabras la manera de servirse de ellas. “Ten cuidado, hijo mío, de volar siempre a la misma altura; si desciendes demasiado, la humedad del agua daría peso a tus alas; si te elevas demasiado, el calor del sol te abrasaría; ten siempre un justo medio entre estos dos extremos”. Le abrazó por última vez, tomando él primero el vuelo, para dirigir el camino: semejante al pájaro que hacía salir a sus polluelos del nido, así él enseñó a su hijo el peligroso arte de volar.
Volaron en dirección noroeste, donde sorprendidos con la extrañeza a la vista de tal prodigio, tanto el pescador como el pastor y el labrador les tomaron por dioses.
Ya habían dejado a su izquierda la isla de Samos, célebre por el culto de Juno, y a la derecha la de Delos y Paros, Lebinta y Calimna, cuando Ícaro abandonó a su padre y guía para elevarse más alto; el calor del sol derritió la cera que sujetaba las plumas de sus alas, y encontró la muerte al caer al mar que después llevó su nombre.
Este es el fin de la historia de Ícaro y el comienzo de su curiosa trascendencia.
La metamorfosis.
Gracias a la tecnología, nosotros somos capaces de “volar como pájaros”, pero no por eso nos convertimos literalmente en pájaros. Este personaje mitológico, al poseer alas fabricadas por su padre, podríamos verlo como la primer víctima de una precaria versión del Ala-delta, o como una advertencia acerca de no querer aspirar a habilidades para las cuales no fuimos diseñados.
Pero desde mi muy personal punto de vista, esta historia es acerca de un Cambio de estado. Esa variación interna que nada tiene que ver con la adquisición de una habilidad, y que sólo se encuentra en el devenir, en el convertirse como parte de un acto metafórico.
Tal vez a eso se refiere Ovidio, cuando expresa que su propósito al escribir Metamorfosis no es otro que el de contar “acerca de cuerpos que han sido transformados en formas de una clase diferente”. Su invocación dice “You heavenly powers, since you were responsible for those changes, as for all else, look favorably on my attempts, and spin an unbroken thread of verse, from the earliest beginnings of the world, down to my own time” (Ovid 29)
El cambio, entendido como la variación más radical de un estado físico, mental y espiritual, puede ser la llave para develar la concepción del mito que nos presenta Ovidio. De ser así, la historia del más famoso hombre con alas, tendría una justificada relevancia para el hombre en cualquier época y lugar, ya que nos recordaría la posibilidad de construir nuestras propias formas de desafiar las aparentemente infranqueables barreras de la gris cotidianeidad.
(Continua…)
Entrega anterior: http://www.ningunismo.org.ar/?p=14
¡Qué bueno! Le seguiré leyendo. Me parece que el ningunismo tiene futuro y se va a ir desarrollando, me alegro mucho de que le pongan pilas a un proyecto de cambio radical y mental. Digo que se va a ir desarrollando no por la originalidad de la idea ni nada por el estilo, sino simplemente por la necesidad creciente que se da en la sociedad de despertar del ensueño y empezar a proyectar un cambio de rumbo con sentido. Estas “alas” que estamos necesitando no son más que entrar en el estado de despiertos verdaderamente y empezar a vivir de forma concienzuda, de la única forma que no nos produce contradicción ni que estamos siendo “como llevados por el viento”.
Yo soy más bien afín al nuevo humanismo pero conocí a Roy y no se nos pasó por alto la hermandad que había entre nosotros y nuestras ideas.
Nina - March 10, 2007 at 1:11 pm