El Legado de Icaro: Capitulo 1 (III)
Para mí, la luz, que encuentra aquel que ve más allá de la caverna, es la representación de la ascensión del hombre hacia la región de lo ininteligible. Aquello que no es una cosa entre muchas o la suma de muchas cosas o la interacción dinámica de ellas, sino que opera como un meta-nivel, que dicta condición, naturaleza y “realidad profunda” de cada cosa, acontecimiento o proceso existente dentro de los confines de “la caverna” del mundo sensorial. Pero creer que todo es igualmente oscuro hasta que se entra en la luz, sería una reducción dualista que conlleva por un lado al panteísmo y por otro al trascendentalismo extremo. Este último, consiste en el odio a las sombras, manifestado como ascetismo violento, anti-materialismo, ética anti-sexual, represión, etc. Parado en este extremo, toda sombra es mala por no ser luz. En el otro extremo se entra en el problema del panteísmo, que confunde la totalidad del universo, o sea la suma total de las sombras de la caverna con la luz existente más allá de ella. Este error, típico del misticismo new age, y del paradigma holográfico del físico Niels Bohm, genera la ilusión de que si la realidad yace en la unidad subatómica de todo el universo empírico y se afirma que en esta interconexión “todos somos uno” se da a esa suma la categoría igual a la luz que esta del otro lado, haciendo que no sea menester salir de la caverna para alcanzarla, pues ese estado absoluto deambula por el campo visual.
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